viernes, 24 de diciembre de 2010

Carta de Navidad 2010



Carta de Navidad 2010


“Su Madre conservaba todas estas cosas en su corazón”
(Lc 2, 51)

Prot. N. 01061/10





Queridos hermanos:

            Me alegro de ofreceros también este año la felicitación de Navidad y de proponeros, con sencillez y como hermano, una iniciativa para enriquecer la Navidad.
            En el n. 23 de la última Carta circular “Levántate y camina”, que trata de la Formación permanente, he recogido una frase de nuestras Constituciones: “La oración mental es la maestra espiritual de los hermanos” (n. 52,6). ¡Cuánto me gustaría que cada fraile de la Orden se fijase en esta afirmación y, reconociendo que es verdad, la viviese con toda sencillez!

Enséñanos a meditar
            Espero vivamente que en Navidad surja en cada uno de vosotros, después de la intensa actividad pastoral y la colaboración para que la fiesta de la fraternidad sea viva y hermosa, el deseo de detenerse y de dirigir la mirada al mensaje de la Navidad: “Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor” (Lc 2,11).
            Tanto el nacimiento de Juan el Bautista como el de Jesús suscitaron estupor, y fueron muchos los que lo manifestaron con la alabanza y el canto. Pero también hubo quien se puso a la escucha, es decir, dedicó tiempo a escuchar en profundidad, abriéndose así un camino en el silencio. La gente oye que han ocurrido cosas extraordinarias, dice y no acaba. Las promesas de Dios están a punto de cumplirse. Esta escucha atenta lleva a guardar en el propio corazón los acontecimientos relacionados con el nacimiento del Niño, lo que ocurre en torno a él, lo que se dice de él y también lo que no se dice.
            El ejemplo y el modelo de esta actitud interior es María, la Madre de Jesús. El evangelista Lucas, con pocas e incisivas palabras, describe su actitud: “María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19). Aprendamos también nosotros de ella.

Guardaba en su corazón
            Existe un lugar privilegiado donde ocurre esto, y es el corazón, dentro de nosotros, en lo más íntimo. Para entrar en el espacio interior del corazón es necesario buscar un lugar adecuado y tomarse el tiempo necesario.
            Lo que hay que hacer está indicado por dos verbos: custodiar[1] y meditar. María custodia en su corazón las palabras que explican el acontecimiento que Ella está viendo y viviendo. María realiza una escucha consciente, interior y pensativa, inteligente. “El verbo custodiar no indica solamente recordar, sino que subraya el cuidado y la atención, como cuando se tiene en las manos una cosa preciosa. Custodiar (suntereo) indica el cuidado con que María conserva dentro de sí todas las palabras que ha oído, sin perder nada y sin cambiar nada: un cuidado prolongado”[2].

Meditando
            Este nuevo verbo, meditar (sumballein) precisa ulteriormente cómo María “custodia” los acontecimientos y las palabras. No se limita a conservar pasivamente, de modo inerte, sino que se trata más bien de un custodiar activo y vivo.
            Este trabajo interior, tal como sugiere el verbo que emplea el evangelista (confrontar, comparar), conlleva un relacionar y un comparar una cosa con otra tratando de comprender la lógica profunda, la dirección y la verdad de cosas que aparentemente pueden parecer desligadas o incluso contrapuestas entre sí.
            Del Niño, en efecto, se dicen cosas grandes, pero sigue siendo un niño envuelto en pañales y colocado en un pesebre. ¿Cómo conciliar grandeza y pequeñez, gloria y pobreza? María lo hace en lo íntimo de su corazón, convirtiéndose así en la figura ejemplar del discípulo que está en actitud de escucha y está en camino.
            Todo comienza en la escucha, y a la comprensión se llega caminando. La palabra escuchada (que viene de Dios, pero a través de otras personas) ilumina lo que María ve y vive.
            Querido hermano, hazte un buen regalo de Navidad. Tómate tiempo para ir a la escuela de María, la Madre de Dios. No te arrepentirás, sino que saldrás enriquecido y renovado de este tiempo dedicado a la meditación. Con esto te deseo una feliz Navidad, vivida con momentos prolongados de interioridad. El fruto será el estupor, la maravilla y la gratitud.

Roma, 23 de diciembre de 2010


Fr. Mauro Jöhri
Ministro general OfmCap





[1] Lucas habla nada menos que tres veces del hecho de custodiar en el corazón: Lc 1,66; 2,19; 2,51.
[2] B. Maggioni, Il racconto di Luca, Assisi 2000, 61-62.

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Meditación Dominical

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